lunes, 30 de noviembre de 2015

El diario de Blanca o cartas para Carlos

Hoy ha muerto tu esposa, Carlos. Y te he esperado. En vano. He cerrado los ojos y me he contado un cuento. Ese que comienza diciendo que me amas. A mí, a Blanca.
Te conocí cuando hacía la calle, cuando mi cuerpo se entregaba por dinero a todo aquel que pagara mi precio. También a ti. Aunque con un matiz. De ti, me enamoré. Tus ojos de niño asustado y tu piel ansiosa de caricias me hicieron bajar la guardia. Amabas a tu esposa, me dijiste, solo que estaba postrada en una cama. Ella ya no podía complacerte y aunque habías aguantado tiempo sin tenerlo, necesitabas amor, aunque fuera pagando. Y ahí estaba yo, una puta de lujo, capaz de hacer lo que fuera por ti. Lo que me pidieras.
Con el tiempo, me retiré, me dediqué solo a ti porque me sentía sucia estando con otros. Te amaba, Carlos. Y aunque sabía que mentalmente pedías perdón a tu esposa cada vez que estabas conmigo, siempre mantuve la esperanza de que un día estuviéramos juntos. De verdad.

Hoy son ya tres meses los que hace que ha muerto tu esposa. Sé que tienes novia. Una chica decente. A veces os veo pasear, vais cogidos de la mano y, con frecuencia, os besáis. Parecéis tan enamorados... Así que ya no te imagino llamando a mi puerta. No me consuelo contándome historias absurdas. No me quieres. Nunca lo has hecho. Te digo adiós con mi mente y me preparo para olvidarte. Hay que seguir nadando, me digo.

Hoy has venido a mi casa. Tu nueva esposa no te comprende, me dices. Tal vez yo pueda ofrecerte lo que anhelas. Yo soy diferente, especial. Sí, lo soy. Me doy cuenta de ello. Y el comprenderlo es el detonante de muchas cosas. Tus palabras, lejos de hundirme, me han dado la fuerza para superarme, para superarte. Y con ello, mi vida anterior.
Hoy, por fin, te cierro la puerta. También la de mi corazón.