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martes, 17 de noviembre de 2015

Otra vez el señor de los bolis

— ¿Os iréis a Zaragoza?
—Sí, un mes.
—¡Qué bien! Así estaréis con tus padres y tu hermano. Es bueno eso.
—Sí, y con mis amigos.
—¿Amigos? Ahora tienes que estar a otras cosas. A tu marido y a tu hijo.
—No es incompatible. Los amigos son necesarios.
—No, no lo son. Además te pueden joder.
—Bueno, pueden hacerlo sin querer, si es adrede no son amigos de verdad y no merecen la pena.
—Yo tengo más mundo qué tú. Tú sabrás más cosas que yo en otros aspectos porque eres madre. Yo, por ejemplo, cuando estaba casado dejé eso de lado y me dediqué a mi mujer e hijo.
—Pues yo no. Necesito a mis amigos. Tengo otras parcelas que cubrir en mi vida, no solo la de esposa y madre.
—A la larga te fastidiarán.
—O yo a ellos. Pero si somos amigos y nos queremos lo hablaremos y lo solucionaremos.

Esta conversación tan extraña he mantenido esta mañana con el señor de los bolis. A este paso voy a tener que hacer una sección en el blog dedicada solo a él.
Así que según él no tengo que tener amigos porque estoy casada. ¿Perdona? Pues yo, lo siento, pero necesito tener amigos. Y aunque a él le parezca mal siempre que voy a mi tierra quedo con mis amigos. Incluso Raúl queda con los maridos de mis amigas y se van solos. Sin nosotras. Y nosotras sin ellos. Incluso aquí, en Vigo, tengo amigos. Menos, pero los tengo.
También deduzco que para el señor de los bolis mi única sabiduría es la que me otorga la maternidad. Pues no, oye. Sin tener la mente de un físico no puede decirse que soy tonta o que no tenga una mínima cultura. Además: ¿qué sabe él de mi vida? R
¿Qué pensaría de mí si supiera que a veces mi esposo o mi madre se han quedado con Hugo y yo me he ido por ahí? ¿Qué pensaría si supiera los tipos de conversaciones que tengo con mis amigas? Porque de niños, precisamente, no hablamos. Bueno, a veces sí, pero las menos.

Pero bueno, no me enfado con él. ¿Para qué? Bastante triste es ya el tener ese pensamiento.


¿Qué sería de nosotros sin los amigos?

miércoles, 9 de septiembre de 2015

¡De compras para el cole!

—Unas etiquetas térmicas adhesivas  para la ropa, por favor.
— ¿De niño o de niña?
—De niño.
—¿Azules o blancas?
—Ah, pues de las dos si puede ser…
—¿Lisas o temáticas?
—Temáticas estarán bien…
—¿Personajes Disney o Nickelodeon?
—No sé… ¡De los dos!
—¿Quiere que le grabemos nosotros el nombre?
—¿Lo hacen? Pues sí, genial.
—El tipo de letra cómo lo prefiere ¿clásico o moderno?
—Moderno…
—¿Mayúsculas o minúsculas?
—Mayúsculas…
—¿En negrita o normales?
—Uf, en negrita…
—¿Subrayadas o en cursiva?
—¡En cursiva!
—¿Visa o efectivo?
—Efectivo, efectivo…
—¿Se las enviamos por correo o viene usted a recogerlas?
—¡Vendré yo! ¡No podría responder al cuestionario sobre mi datos… ¿Para cuándo estarán?
—Vamos a ver, etiquetas térmicas adhesivas para ropa de niño, de color blanco y azul, con personajes Disney y Nickelodeon,  letra moderna en mayúsculas, pagadas en efectivo y a recoger en tienda yo calculo que estarán después de Navidades, más o menos.
—¿Cómo dice? ¡Las necesito para la semana que viene! ¡Empieza el colegio!
—Pues si quiere le puedo dar unas normales y les pone usted el nombre con rotulador.

—¿Cómo le mando a la mierda? ¿En voz baja o gritando?

martes, 1 de septiembre de 2015

Preparando el regreso a casa

Todo acaba. También este verano tan extraño. Ahora toca el volver a casa. Me voy contenta. Satisfecha.
Puedo decir que volver a mi antiguo trabajo ha sido una buena experiencia.  Y a pesar de ser distinta sala me he sentido como en casa. Ha sido bonito coincidir con compañeros de toda la vida y con otros que, aunque los conocía, nunca había llegado a trabajar con ellos. Todos me han tratado muy bien y con todos he estado muy a gusto. Gracias, chic@s.
Aparte de ganar un buen dinero, que siempre viene bien, me he reído mucho y me lo he pasado genial cotilleando. ¡Cómo echaba de menos esos cotilleos entre compañeros! También me he enfadado y agobiado con clientes petardos, no todo iba a ser estupendo. Pero al ser solo dos meses no he tenido tiempo de agobiarme.
Raúl y Hugo están conmigo y mañana ya nos vamos. Estaremos un par de día por Segovia y tal vez vayamos al Escorial. Después a Vigo.
Ahora toca poner al día las cuentas de la empresa de Raúl y preparar el inicio del cole de Hugo. Muy justa voy. Como siempre. Espero encontrar el chándal y el mandilón que piden en el colegio… A nueve días de empezar el curso aún no los tengo…

¡Sí, soy un desastre!

miércoles, 26 de agosto de 2015

Un verano diferente

Cuando a principios de este verano se me presentó la oportunidad de volver a trabajar durante dos meses en mi antigua empresa, tanto Raúl como yo lo tuvimos claro: lo haría. Pero había un problema. Yo vivo en Vigo y el trabajo era en Zaragoza. A 864 km de distancia. Nada más. Y nada menos.
Barajamos los pros y los contras. Las ventajas eran muchas y las desventajas se resumían en dos: separarme de mi nene y separarnos nosotros. Lo nuestro no iba a ser difícil ya que no es la primera vez que teníamos que hacerlo. Pero nunca lo había hecho de Hugo.  Y al final, lo hice.
Claro que no hubiera podido hacerlo sin un marido como el que tengo. Durante algunos días de julio, el niño iba a la guardería por la mañana y por la tarde estaba con Raúl.  No sé yo si me echarían mucho de menos… que si playa, parque, ir a comer helados…
A los pocos días vinieron los dos a Zaragoza y aprovechamos bien el tiempo. Incluso pude montarme un día libre y unirlo a otros dos para irnos a Torrevieja a ver a mis padres que tienen casa allí.  Eso sí,  volví yo sola en el tren y ellos se quedaron un tiempo más. Después volvieron a Vigo.  Yo, como cuando tenía unos cuantos años menos, llegué a Zaragoza y me fui directa a trabajar. Después de no dormir apenas y de un viaje de casi siete horas. Pero aguanté. Vaya que si lo hice. ¡Qué remedio!
Agosto ha sido más o menos parecido. Ellos vinieron a Zaragoza para el cumpleaños de Hugo, estuvieron unos días más por aquí y después nos bajamos otra vez al sur. Y yo, creyéndome joven otra vez, pues repetí experiencia de irme a trabajar nada más llegar.  Y hasta la una de la madrugada. ¡Qué sueño pasé!  Pero, ¡cómo me compenso!
Hugo se quedó en Torrevieja con mis padres.  Raúl volvió a Galicia. Por unos días. Ahora ya está otra vez en sur, ¡qué vaivén! Este fin de semana ya vienen los dos otra vez para estar conmigo. Y ya acabaré de trabajar…  Ha sido algo duro, pero no me arrepiento de nada. A pesar de que hay gente que no lo entienda, incluyendo al señor de los bolis, obvio…Pero ese no es mi problema…

Nosotros creo que podemos decir: prueba superada…

lunes, 13 de julio de 2015

Pensamientos en la noche

Nunca había estado separada de Hugo. Hasta hace unos días. He tenido que venir a Zaragoza a trabajar este verano. Pronto va a venir. Él y Raúl. Por fin.

Hay gente que se ha escandalizado porque me he venido sola. Sin ir más lejos, el señor de los bolis. Sí, ese que de todo opina y de todo sabe. Ese que entre venta y venta estudia el manual de los hijos y las buenas mamás.

No sé que pensaría de mí si supiera que a pesar de echar tanto de menos a Hugo y a Raúl, no los echo de menos todo el tiempo. Y no me siento culpable.

Hay momentos en los que me gusta estar sola. O con mis amigas. O en el trabajo. El haber vuelto a la vida laboral.

Aunque me pregunto en todo momento que estará haciendo mi pequeño. Y mi mayor. Algunos días los veo por Skipe y todos hablamos por teléfono. No siempre Hugo quiere hablar conmigo. Pero no pienso que esté enfadado conmigo por haberme venido. Espero.

Necesito que vengan...

Y, a pesar de todo, aprecio al señor de los bolis...

jueves, 18 de junio de 2015

Esos manuales que todo el mundo parece ser que tiene...

—¿Qué le pasa a Hugo?

—Nada, que está enfadado...

—¿Por qué?

—Pues porqué se ha ido corriendo cuesta abajo y yo detrás sin poder cogerlo. Menos mal que al llegar abajo del todo se ha parado.

—¡LA CULPA ES TUYA!

—¿Perdona?

Ibamos por una calle peatonal que tiene una cuesta bastante empinada y Hugo ha decidido echarse a correr. Yo, logicamente, me he echado a correr detrá de él. Hugo tiene una velocidad equiparable a la de Jesse Owens (no estoy exagerando mucho, no). No lo podía coger, la gente mirando y el tio al llegar abajo se para y va y se escojona de mí. ¡Mamá añosa con tacones!

¡Y encima me dicen luego que la culpa es mía!

¿Quién?

¿Mi madre? No...

¿Mi suegra? No...

¿Mi marido y padre de la criatura en cuestión? No...

¿Pues quién?

¡El señor que vende bolis al lado de mi casa!

¡Hay que joderse! Todo el mundo opina y da lecciones de cómo, cuándo y dónde  tienes que educar a tu niño.

Y, aunque sea raro en mí, esta vez me he mordido la lengua. ¡Pero qué no sirva de precedente!



miércoles, 3 de junio de 2015

Coletas, raices y varias preguntas chorras

Hoy, en la playa, he visto una mujer que supongo tendría mi edad. Llevaba el pelo teñido de rojo con una inmensa raíz negra. Y los brazos llenos de tatuajes. Pero eso no era lo malo. No. Lo que me ha llamado la atención ha sido su peinado: dos coletas.  Espero que no se llamara Jennifer porque si ese era su nombre, lo tenía todo la pobre. Todo para ser hortera, me refiero. Y es que para mí, la única Jennifer a la que le queda bien el nombre es la López.
Y es que supongo que hay una edad para todo. Porque mira que le quedaban mal las coletas, oye. Claro que a lo mejor ella pensaba que a mí me quedaba mal el hacer topless. Porque, para ser sincera, antes yo tenía un pecho precioso. Grande, pero bonito. En su sitio. Ahora, después de tener a Hugo, no es que lo tenga grande, es que lo tengo enorme. Y ya no está en su sitio. Al menos en el mismo sitio que antes. Y yo me pregunto cómo leches esas que se operan las tetas y se las ponen enormes las pueden meter en mini camisetas. Yo, imposible, oiga. Y mira que lo intento. Pero nada. Aunque a lo mejor el problema es de mi barriga y por eso no entro en nada últimamente.
Divago. Sí. El caso es que hoy, viendo a esa Jennifer playera, me he hecho varias preguntas:
— ¿Debo seguir haciendo topless a mi edad? —Por si acaso me he puesto la parte de arriba.
 —¿Si un día quiero ponerme dos coletas haré el ridículo? —Y mira que me gustan…
— ¿Las demás mujeres se me quedan mirando cuando llevo raíz en el pelo? —Supongo que sí,  somos así de malotas entre nosotras.
— ¿No debo ponerme nunca más una minifalda?Joer, con lo bonitas que tengo las piernas. Con medias, eso sí.
— ¿La gente pensará que soy la abuela de Hugo? —Sobre todo si llevo minifalda, coletas y luzco una raíz del quince.

Conclusión: el tiempo pasa muy rápido y hay que asumirlo. Con lo malo. Y con lo bueno. Que también lo tiene. ¿O no?


lunes, 25 de mayo de 2015

Etiquetas

—Mamá, me duele aqui...
—Joer, Hugo, que no tienes nada...
—Sí, me duele...
Meto la mano debajo de la pernera del pantalón corto que lleva el nene porque es donde dice que le duele... Y saco tres etiquetas con su pincho correspondiente...

martes, 28 de abril de 2015

Una mañana cualquiera


¡Qué las madrastras somos malas, feas y brujas es algo que sabemos todos! Al menos lo decía Walt Disney y cuando ese señor inventaba algo subía el pan o al menos la cotización en bolsa.
Me miro al espejo y no veo nada anormal. Bueno, más arrugas, eso sí. Pero no me veo verrugas extrañas o una fealdad espeluznante. Tampoco tengo un gato negro y gordo. Lo tengo canela y más bien argellao*, pero porque lo rapamos para que no suelte mucho pelo. ¡Ná más!
Claro, que a lo mejor mi espejo se ha copiado del de Blancanieves y  me miente, no vaya a ser que le de un manotazo y lo rompa. ¡Lo que me faltaba! ¡Siete años de mala suerte! ¿Supersticiosa yo? ¡Qué va!
No sé que opinará Andrea (mi hijastra) en mañanas como las de hoy:
—Recoge las cosas del desayuno  —le digo sin alterarme ante la visión de la botella de leche, de las galletas y del bote de Nesquik(¡sin tapar!), encima de la mesa de la cocina.
—Voy… —mientras se le abre la boca en un bostezo que no sé si es porque tiene sueño o porque le aburro sobre todas las cosas.
—Haz la cama de Hugo y la tuya, pero no metas una debajo de la otra —es que Hugo y ella están compartiendo habitación porque la del peque la estamos pintando.
—Voy… —dice, sin inmutarse.
—Andreaaaaaaaaaaaaaaaaa —pese a mis esfuerzos por contralarme, la voz va subiendo el tono.
—¡¡¿Qué!!!? —pregunta con un tono un poco hastiado ya.
—Recogeeeeee el bañoooooooooooooooo —a la mierda los esfuerzos.
—Voy…—vuelve a no inmutarse.
Y al poco rato se va al insti. Una mañana cualquiera. Vuelvo a mirarme en el espejo y no me veo mal del todo, tal vez me está empezando a salir un grano en la nariz, eso sí, pero aún no se me nota del todo. Me pregunto cómo me verá Andrea.
—¡Bruno, ven! —llamo al gato. El pobre viene y lo veo más gordo. Y el pelo parece que se le está oscureciendo.

 No sé.

*Argellao: en Aragón decimos que algo o alguien está argellao cuando este está flaco, enfermizo o desgastado. En Aragón argellamos a la gente, a los animales e incluso a la ropa.