jueves, 18 de junio de 2015

Esos manuales que todo el mundo parece ser que tiene...

—¿Qué le pasa a Hugo?

—Nada, que está enfadado...

—¿Por qué?

—Pues porqué se ha ido corriendo cuesta abajo y yo detrás sin poder cogerlo. Menos mal que al llegar abajo del todo se ha parado.

—¡LA CULPA ES TUYA!

—¿Perdona?

Ibamos por una calle peatonal que tiene una cuesta bastante empinada y Hugo ha decidido echarse a correr. Yo, logicamente, me he echado a correr detrá de él. Hugo tiene una velocidad equiparable a la de Jesse Owens (no estoy exagerando mucho, no). No lo podía coger, la gente mirando y el tio al llegar abajo se para y va y se escojona de mí. ¡Mamá añosa con tacones!

¡Y encima me dicen luego que la culpa es mía!

¿Quién?

¿Mi madre? No...

¿Mi suegra? No...

¿Mi marido y padre de la criatura en cuestión? No...

¿Pues quién?

¡El señor que vende bolis al lado de mi casa!

¡Hay que joderse! Todo el mundo opina y da lecciones de cómo, cuándo y dónde  tienes que educar a tu niño.

Y, aunque sea raro en mí, esta vez me he mordido la lengua. ¡Pero qué no sirva de precedente!