jueves, 23 de abril de 2015

Ellas, sus amigas y yo

Es la cita mensual de Las Divinitys y soy el invitado de honor. Ella se pone guapa, más si cabe. No se imagina que para mí es bonita siempre, incluso cuando se levanta y su pelo enmarañado pide a gritos un cepillo. O cuando sus ojos rojos son los chivatos de que ha pasado una noche en vela. Un día se lo diré.
Estrena un vestido, se alisa el pelo y pinta sus labios de color rojo piruleta.  Coge una chaqueta del armario, la que le hace juego con los zapatos. Tiene varias, pero a mí la que me gusta es la chupa negra. La de cuero. Un día me la probaré.
Un buen rato después, nos vamos.  En un garito del centro nos esperan sus amigas. Las de siempre. Parece que se quieren mucho porque se abrazan y besan como si no hubiera un mañana.  Se piropean. Después llega mi turno y durante un buen rato revolotean a mí alrededor como gallinas cluecas protegiendo a sus polluelos. Quiero gritar.  Un día lo haré.
De repente, sin saber el motivo, se olvidan de mí. Hablan de la vida, de las suyas, de trabajo, de los últimos libros que han leído y de las ganas que tienen de viajar. Después, de hombres. Todo el rato. Y ya no paran. Un día lo comprenderé.
La música nos envuelve, creo que es pop.  Me adormezco, y entre sueños oigo su voz qué, con seriedad, me dice: “Hugo, escucha la música. La de los ochenta es la mejor del mundo”. Me espabilo de golpe, sobresaltado.  Ella, sorprendida, estalla en carcajadas y siento que muero de amor por ella. Un día se lo contaré.
Entonces, cuando eso suceda, me miraré en sus ojos y le diré: “Mami, a mí lo que de verdad me gusta es el rock”.