martes, 12 de mayo de 2015

El Bollito Bonito

El primer grito que escuchó mi Bollito Bonito* fue el de mi madre cuando le dije que estaba embarazada. Fue después de volver de una escapada a Toledo cuando tuve la buena noticia: positivo.  Así que cuando Raúl yo nos fuimos a recorrer una de las ciudades más bonitas de España no los hicimos solos.  Ese fue el primer viaje de mi futuro bebé. El segundo fue a los pocos días. Se acercaba la Navidad y nos íbamos a pasarla en Zaragoza, con mi familia.
Fue bonito llegar a casa y ver la alegría de mis padres y de mi hermano por mi embarazo. Sobre todo la de mi madre, quien ya había desechado la idea de ser abuela. Y no por ganas. Sus dos hijos son tardones para todo.
Fue una Navidad distinta y especial.  Sobre todo cuando una noche me levanté para ir al baño y me desmayé. No es que esta fuera la primera vez que perdía el conocimiento. No. Pero sí la primera en que me hacía daño. Un ojo morado, entre otras cosas. Y el miedo. Miedo por él, por mi Bollito Bonito. Fui al médico, pero todo estaba bien. De momento. Recuerdo de esos días como la gente me miraba. También a Raúl. Por el morado del ojo, claro. Las personas somos así, siempre pensamos lo peor.
Los días iban pasando, se acercaba Nochevieja y una mancha de sangre en la braga me trajo de nuevo el miedo. ¿Qué estaba pasando? Según la ginecóloga de urgencias tenía un hematoma en la placenta y tenía que guardar reposo. Absoluto.

¿Era demasiado mayor, entonces? ¿Me había precipitado queriendo quedarme embarazada? ¿No debería haber viajado, no una sino dos veces? Demasiadas preguntas y mucho tiempo para respondérmelas. Ese fin de año tomé las uvas tumbada en el sofá, Raúl tuvo que regresar a Vigo y yo me quedé en Zaragoza. Esperando.


*Bollito bonito: nombre que le dabamos al niño antes de saber su sexo. Fue un nombre elegido por las chicas del foro en el que, entonces, participaba.