domingo, 3 de mayo de 2015

Pollyanna

No sé si recordáis a Pollyanna, aquella niña huérfana que siempre encontraba el lado bueno a cualquier situación. Un ejemplo de optimismo, vaya. Pues bien, hace unos días decidí contagiarme de su espíritu cuando fui a hacer efectivo un Groupon de una estancia en Oporto. Escribí un correo al hotel en cuestión solicitando las noches del uno y dos de mayo y adjunté el bono. Al cabo de una hora o así recibí la contestación: no hay disponibilidad para esas fechas. Bueno, no pasa nada, pensé. Y pedí la del último fin de semana de abril. La respuesta esta vez fue la misma que la vez anterior: no hay disponibilidad.
Fue entonces cuando emulé a Pollyanna y decidí encontrar el lado bueno a esta situación. Y la encontré. Aprovecharíamos los dos fines de semana para pintar la habitación de Hugo y el día uno de mayo nos iríamos a celebrar el día de la madre. ¿Por qué ese día y no el día tres que es cuando realmente era el día de la madre? Sencillo. Los viernes son los días en los que supero mi record de resistencia y me permito una comida en la que como lo que me apetece. ¡Sin restricciones!
Raúl y yo decidimos que nos iríamos a la Piedra a comer en el Portón, bar de unos amigos y donde hacen el mejor arroz de todo Vigo. Yo le añadiría una tarta de Santiago y un chupito de crema de orujo. ¡Mmmm!
A falta de dos días para la gran comilona a Raúl le dio un cólico al riñón. El pobre lo pasó fatal. Aparte de la medicación tuvo que estar en reposo. Yo, aparte de la lógica preocupación, volví a emular a Pollyanna y en mi imaginación cambié el arroz, la tarta y el chupito por un pastel de crema de la pastelería de abajo y de un bocata de pan artesano con chorizo. ¡Mmmm!
Llegó el viernes, hice mi entreno, superé mi record y me dispuse a darme el homenaje. Bajé a comprar el pan y los pasteles(sí, al final no fue uno solo). También hice un alto en el camino y me compré chucherías. Con mi preciado botín regresé a casa. Entusiasmada, me comí alguna gominola y un pastel. Me preparé el pan que crujía deliciosamente y abrí la nevera para coger el chorizo. ¡No me lo podía creer! ¡No quedaba chorizo!

¡A la mierda Pollyanna!