lunes, 26 de octubre de 2015

En el desván

Mi madre tenía relaciones con un hombre.  Intuía que ella prefería mantenerme al margen de ello así qué, cuando él venía, yo subía al desván. Desde allí los oía hablar, gemir y discutir.
No me importaba encerrarme en el desván porque era el lugar en el que  vivía mi padre.  Decían que él nos había abandonado a mi madre y a mí cuando yo era apenas un niño, pero  no era cierto.
Aquella mañana yo subí como siempre al desván. Pronto se escucharon golpes y gritos. Quise bajar, pero mi padre me lo impidió. Pronto vendrá la policía, me dijo.  Miré por la ventana y vi una ambulancia y un coche policial. Supuse que los vecinos los habían avisado.
Los dos vehículos pararon en la puerta de casa y sus ocupantes entraron. Yo no me moví de la ventana y pude ver como sacaban a mi madre en una camilla, cubierta con una sábana.
Esta mañana han vuelto a venir. He oído como subían las escaleras que conducen al desván, así que he intentado esconderme detrás de un estante, pero uno de ellos ha logrado ver mi cuerpo.
No quiero irme de aquí.

Prefiero esta tumba a la del cementerio.