jueves, 30 de abril de 2015

Hacer running

Acabo de regresar de Zaragoza y, como siempre que voy allí, me traigo unos regalitos conmigo: ¡kilos de más! Esta vez han sido dos que unidos a los dos de Navidad y a uno más de las fiestas del Pilar, hacen un total de cinco kilos que no son míos. Y si hecho la vista atrás pues tengo otros cuatro más que tampoco me pertenecen. En total: nueve kilazos más que el año en que me casé. Y aún suponiendo que de esos nueve, dos los hubiera perdido antes de casarme por ponerme a dieta y tal, pues que me sobran siete, vamos. ¡Siete!
Voy al gym, hago pesas, me gustan y, desde que las hago, no suelo tener dolores musculares.
—¡Quiero perder peso! —esa soy yo diciéndole al monitor.
—Cardio, cardio y cardio —contesta invariablemente él.
Y se pira a alternar con las niñas de veinte años que ahí por allí.
—¡Eh, chaval! ¡Qué yo también he tenido veinte años y he estado más buena que esas! ¡Y sin ir al gym! —dice una cada vez más pequeñita voz interior mientras me subo a la dichosa cinta de correr después de hacer mi sesión de pesas.  Un día, otro, otro más… Y en vez de perder, me engordo, ¡cojonudo! Aunque claro, la culpa es de mi gula incontrolada, de lo bien que cocina mi mamá y de las salidas que hago cada vez que estoy en Zaragoza. Sí, yo creo que el sufrido monitor del gym tiene razón y tengo que hacer más cardio. ¡Lo voy a hacer! Aunque con una salvedad: voy a hacerlo por mi cuenta. Y no solo eso, voy a hacer resistencia también por mi misma, en mi casa. Cuando baje lo que quiero ya volveré al gym a ver si me torneo los brazos de una dichosa vez.
Así que mi rutina queda establecida de la siguiente manera:
-Lunes, miércoles y viernes; ejercicios de resistencia.
-Martes, jueves y sábado; running o joogig o correr de toda la vida, vamos. Qué tenemos un idioma super rico como para andar metiendo palabrejas inglesas. ¡Y mira que yo soy anglófila y me encanta todo lo inglés! ¡Qué frikis nos estamos haciendo!
Y llega la pregunta del millón:
—¿Qué me pongo para ir a correr? —me digo a mi misma.
—Ropa deportiva, obvio —me contesto a mi misma también.
—Sí, pero de abrigo, hace frio…—continúo haciéndome preguntas chorras.
—¿Una sudadera? ¿Y dónde llevo el agua? ¿Y las llaves? ¿Y voy sin maquillar? ¿Y si me encuentro a alguien y me ve con esas pintas? ¿Y? ¿Y?
—¡Ehhhhh! ¡Paraaaaa el carrooooo, mujerrrrrrrrrrrrrrrrrr!  —esto ya me lo digo en voz alta.
Me pongo las mallas, las deportivas, la sudadera, el agua y las llaves me las meto en el bolsillo, me hago una coleta, dejo al niño en la guardería(¡sin importarme que me vean con esas pintas!) y me voy a correr.
Total, tanto rollo para nada, solo aguanto veinte minutos. ¡Y gracias!